Una conversación, no un formulario.
Tu cliente escribe como habla, «tres galones de blanco y dos brochas», y el sistema arma el pedido con tu catálogo y tus precios.
- Si algo que cambia el precio es ambiguo, pregunta. No adivina.
- Lo que no cuesta, como «sin cebolla», va como nota y se lo confirma al cliente.
- Habla como tu negocio, en primera persona. No se presenta como asistente.